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Ni guerra abierta, ni balsa de aceite
Diario de Noticias de Navarra egunkariko 2006.10.16ko informazioa

http://www.noticiasdenavarra.com/

La situación en el interior de las clases ha sido motivo de polémica en los últimos meses. Tras las denuncias por acoso realizado por una madre navarra en el Colegio Suizo de Madrid o por un alumno en Pamplona, la conciencia social sobre las diferentes formas de violencia que se reproducen en las aulas ha ido en aumento, aunque no todos lo perciben de la misma forma.Tanto expertos como educadores reconocen que, aunque las agresiones existen, no llegan, ni de lejos, a los niveles publicados. Además, la idea de que cada vez resulta más difícil dar clase y mantener el orden está latente entre muchos profesionales, quienes consideran que aquí está una de las claves de la conflictividad en los centros educativos.

La avalancha de casos y denuncias aparecidos en prensa ha provocado la alarma entre padres y educadores. Una alarma que, a juicio de otros sectores de la comunidad educativa no es acorde con la realidad que se vive diariamente en las aulas.

Éstos reconocen que no se puede negar que la violencia exista. Pero, subrayan, su incidencia no llega a los niveles hechos públicos en los últimos meses. Esto no quiere decir que se quite importancia a los casos en los que verdaderamente se detecta acoso, pero destacan que hay que diferenciarlo de los conflictos que pueden surgir en cualquier ámbito de la vida.

Una pelea en clase no quiere decir que sea acoso. Para que exista bulliyng tienen que darse una serie de conductas por parte de un agresor que dejan a la víctima sin respuesta. Éstas situaciones, que pueden ser verbales -insultos, motes-, intimidaciones, aislamiento e, incluso, agresiones físicas, se suelen alargar en el tiempo y la víctima se sitúa en un plano de inferioridad.

Al hilo de las últimas noticias y titulares, en ambientes educativos se percibe la idea de que se están confundiendo los términos. "Una cosa es acoso y otra que ocurra un conflicto. El acoso es algo grave, que hay que prevenir y atajar. Por el contrario, un conflicto no es algo necesariamente malo, vivimos en sociedad y es lógico que surjan los conflictos. Lo importante es saber cómo resolverlos", subrayó un profesor de instituto que prefirió no identificarse.

los datos

Muchas contradicciones

Los datos aparecidos en las últimas semanas han sido motivo de una gran controversia. En ellos se destacaba que el 25,6% de los alumnos en Navarra padece acoso o agresiones por parte de sus compañeros. Estas cifras fueron posteriormente matizadas por el consejero de Educación, Luis Campoy, quien las rebajó considerablemente. Pero la violencia en los centros de estudio no se acaba con el bullying . Los casos de acoso de alumnos contra profesores, y, más esporádicos, de padres contra docentes, también preocupan a la comunidad educativa.

De todos modos, todas las fuentes consultadas coincidieron en calificar de "excesivas" las cifras aparecidas en el último mes. Alberto Arriazu, director del Instituto Navarro Villoslada, subrayó que esas estadísticas "no tienen ni pies ni cabeza", y puso como ejemplo el centro que él mismo dirige. "Si fuese verdad, 250 de los 1.000 alumnos que tenemos estarían acosados", señaló.

En el año 2005, Educación atendió un total de 349 consultas sobre acoso escolar. Teniendo en cuenta que el número de alumnos matriculados durante ese curso superaba los 88.000 en toda la Comunidad Foral, y aunque en Educación se reconoce que puede haber más casos, la cifra está muy lejos del 25% señalado en el estudio estatal. En palabras de Lourdes Escribano, del área de salud laboral del sindicato STEE-EILAS, "los casos de bullying detectados se sitúan en torno al 5% ó 6%".

Según destacó Escribano, los casos en los que sí existe acoso son de una gravedad considerable, y apeló a "no quitarles la importancia que merecen". La experta hizo hincapié en el gran sufrimiento de quienes padecen el maltrato en cualquiera de sus formas, y señaló que uno de los puntos más "trágicos" de este tipo de circunstancias es que "las víctimas están solas".

las consecuencias

La soledad de las víctimas

Esta soledad también afecta a los docentes que sufren el acoso escolar. De hecho, muchos de ellos prefieren no comentar lo que les sucede en su clase, ya que una de las consecuencias para estas víctimas es la falta de autoestima, que les hace sentirse incapaces para desempeñar su labor. Por eso, hay profesores que se enteran de que a un compañero se le hace l a vida imposible a través de los propios alumnos. A su vez, el hecho de que en el propio centro se quieran silenciar determinados hechos para no dañar la imagen de la escuela, suele provocar más de una depresión, que suelen difuminarse entre los muchos casos de baja por estrés que se observan entre el profesorado.

Para los menores, ser víctima de burlas o agresiones continuadas puede acarrear problemas psicológicos que, si no se subsanan a tiempo, pueden perdurar hasta la edad adulta.

PROBLEMAS DE DISCIPLINA

'Disrupción' y otros fenómenos

A pesar de que los datos publicados se califiquen como excesivos, la idea de que "cada vez resulta más difícil dar clase" está muy extendida entre muchos profesores. El fenómeno conocido como disrupción , consistente en la constante interrupción del ritmo de la clase está hoy más presente que nunca en las aulas, según muchos docentes. Algunos ejemplos: no acudir con el material, comentarios mientras el profesor habla, ruidos en mitad de la explicación o faltas de respeto. Esto provoca que, según Lourdes Escribano, muchos educadores tengan que "usar el 80% de sus energías en mantener el orden en clase". Así, expresiones como cállate o saca el libro , acaban convirtiéndose en la banda sonora de cualquier día lectivo.

Estas situaciones son las que llegan a enrarecer de forma importante el ambiente en unas aulas en las que, según diversos estudios, la indisciplina grave afecta únicamente a un 10% ó 15% del alumnado. Un porcentaje que, según reconocen los profesionales, cada vez resulta más difícil de controlar.

De fondo permanece latente la cuestión que algunos docentes llaman el paso "del autoritarismo a la crisis de la autoridad", algo que consideran que no se reduce a lo que ocurre en los centros de estudios sino que refleja una tendencia social.

"En los centros se observa una crisis del modelo de autoridad", subrayó Rita Maeztu. "Se ha pasado de un modelo en el que estaba reconocida por principio a otro en el que está más difuminada y es más difícil establecer las normas", señaló.

educadores

Necesidad de apoyar su labor

Según destacaron diversos expertos, a la falta de una educación básica, que debería ser enseñada en casa pero que se delega en los centros educativos, se le suma una carencia de límites, algo que genera un caldo de cultivo para actitudes irrespetuosas.

Desde la comunidad educativa se solicitó la "implicación de los padres", así como un "respeto" para su labor educativa. En este sentido, se percibe la sensación de que, mientras las exigencias hacia los educadores han ido en aumento -ya no se limitan a enseñar una materia, sino que, en ocasiones, tienen que enseñar un saber estar que ya debería estar interiorizado-, se echa en falta un mayor respaldo social.

De hecho, según CCOO, "estudios realizados muestran que existe un importante malestar de los docentes debido a las dificultades en las relaciones con el alumnado". Al analizar las bajas por estrés crónico de los educadores, este sindicato destacó el aumento de los problemas de convivencia en los centros -falta de esfuerzo, desprestigio de su labor, escasa implicación de las familias- como una de las principales cuestiones que influyen en el estado de salud del profesorado.

"Antes, cuando se castigaba a un alumno sus padres hacían lo propio en casa. Hoy en día la frase pongo la mano en el fuego por mi hijo está a la orden del día", señaló un profesor que no quiso dar su nombre. Situaciones como ésta, en las que la autoridad del docente se ve menoscabada, no sólo por el alumno sino también por sus padres, ponen a los educadores ante una difícil tesitura.

Conscientes de la importancia de su labor, los profesores piden confianza en su trabajo, así como mayores dotaciones para hacer frente a los problemas generados por una sociedad cambiante que tiene en la educación uno de sus mayores retos.