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Escuela y Religión
STEE-EILASeko kidea den Jesús Sáinz de Murieta Soravillaren artikulua

Vaya por delante nuestra aceptación respetuosa de las creencias religiosas de cada persona. Quien las tenga. La sociedad actual es enormemente diversa y el reconocimiento y admisión consecuentes y voluntarios de esa diversidad dan fe , en este asunto, de un talante democrático.

Dejemos claro, también, desde un principio, que en el debate sobre escuela y religión es preciso diferenciar el componente ideológico del laboral. Me explico. La religión confesional es impartida por personas sujetas a un contrato laboral. ¿Quiere esto decir que quienes propugnamos que la religión confesional debe salir de las aulas estamos mandando al paro a quien la imparte?. Para nada. Recuerdo una polémica semejante entre pacifistas y trabajadores de una fábrica de material bélico. ¿Quien se manifiesta contrario a la fabricación de armas apuesta por que el personal se quede en la calle?. Evidentemente, no. Debe contemplarse la diversificación productiva o la recolocación.

Estas líneas pretenden hablar de religión confesional como asignatura impartida en los centros educativos. El posicionamiento es aplicable a todos los credos pero especialmente al católico, por ser el más extendido en nuestro entorno. Sufrimos -o soportamos malamente, según los casos,- la enorme contradicción de vivir en un Estado aconfesional que firmó con el Vaticano, en enero de 1979, unos Acuerdos sobre asuntos jurídicos, económicos, educativos y culturales con carácter de tratado internacional que posibilitan la situación actual.

La LOE, en esta cuestión, es un quiero y no puedo. A modo de ejemplo, en la Educación Secundaria Obligatoria se ha pasado de dos a una hora semanal excepto en uno de los cursos que se continuarán impartiendo dos. El poder de la Iglesia Católica es demoledor. Nadie, hasta ahora, ha osado contradecirle en lo fundamental. Temor al desgaste político. Cualquiera conoce cómo se las gastan apenas ven peligrar o aminorarse la menor de sus prerrogativas.

Viene a cuento traer a colación unas recientes declaraciones públicas del Consejero de Educación, Sr. Campoy: "Aquí se dará más religión". De nuevo, y son ya muchas veces, Navarra se colocará a la cabeza de la contrarreforma. El PP/UPN siempre nos ha utilizado como laboratorio de experimentación. En muchos órdenes. También, y especialmente, en el campo de la enseñanza. Se vanagloriaron de ello ante las propuestas contenidas en la LOGSE y reinciden frente a una descafeinada LOE. Caben pocas dudas de que en ese publicitado proyecto conjunto de actuación de las autonomías controladas por el PP, y en lo relativo a medidas educativas, Navarra es un modelo a imitar.

La exclusión de la enseñanza religiosa confesional en la escuela en ningún caso vulnera el derecho de libertad religiosa, pues nadie prohíbe que ésta sea enseñada en el ámbito familiar o en catequesis. Con frecuencia, se intenta asociar, indisolublemente, enseñanza religiosa con adquisición de valores y suele hacerse, en bastantes ocasiones, con ánimo perverso. Pero, existe una ética universalmente consensuada, reflejada en la declaración de los derechos humanos, que no precisa de un fundamento religioso. Por tanto, la ética no es patrimonio de la religión. Es más, podrían citarse abundantes ejemplos de comportamientos éticos de personas no religiosas y de comportamientos poco éticos de individuos fuertemente religiosos.

En otro orden de cosas, conviene resaltar también, y ello es especialmente importante en el mundo educativo, que algunas ideas de la religión confesional chocan con el estudio objetivo de la historia y de la ciencia y que tiene mayor tendencia a dividir que a integrar culturas de diferentes credos; para comprobar esta última afirmación basta con asomarse diariamente al televisor.

La existencia de la religión confesional en las aulas se debe, en nuestro ámbito, a una herencia del pasado y a las motivaciones de una Institución que pretende inculcar, prioritariamente, una serie de dogmas propios de la fe. Esto no quiere decir que no exista profesorado de religión que es lo suficientemente profesional como para intentar, prioritariamente, la formación integral del alumnado. Pero ya hemos quedado, anteriormente, que hablábamos de religión y escuela y no de comportamientos individualizados.

En STEE-EILAS abogamos por un modelo de escuela laica, que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto de los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad. Queremos una escuela donde se sientan cómodos tanto creyentes como no creyentes. Las niñas y niños, en la escuela, no pueden sufrir segregación en función de las creencias de las familias. El alumnado que no desee dar religión no debe tener una obligación alternativa, ya que ello va en contra de derechos fundamentales. Por eso, la única posibilidad, con el fin de respetar los derechos de todas y todos, es que la enseñanza de la religión confesional salga del horario lectivo.