1.- Que
la democracia entre en los centros de trabajo
Hasta ahora la capacidad de la empresa para organizar
el trabajo a su antojo ha sido una realidad incuestionable,
recogida incluso expresamente en más de un
convenio colectivo. Sin embargo, la Ley de Prevención
de Riesgos Laborales, viene a cuestionar este precepto:
-
Obliga a la empresa a organizar su actividad
de manera que no se vea perjudicada la seguridad
ni la salud de su personal.
-
Obliga a la empresa a informar y a consultar
con la representación del personal todas
aquellas cuestiones relacionadas con su seguridad
y su salud, incluyendo dentro de éstas
las relativas a su organización y ordenación
que influyan en la magnitud de los riesgos existentes.
2.- Siempre
se puede evitar el daño a la salud
Es prácticamente imposible encontrar situaciones
de riesgo que no admitan algún tipo de medida
de prevención. Sirva como ejemplo señalar
que el índice de riesgo de un minero en Suecia
es el mismo que el de un trabajador de Banca.
El artículo 15 de la Ley deja bien clara
la obligación empresarial de evitar los riesgos,
evaluar los que no se puedan evitar, combatir los
riesgos en origen, sustituir lo peligroso por algo
que no lo sea y planificar la prevención.
3.- No
se puede dejar la prevención en manos de l@s
técnicos.
Ni la determinación de los riesgos ni la
de las medidas de prevención son algo "neutro",
ajeno al continuo conflicto de intereses entre empresa
y trabajadoras/es. Por ello hay que considerar la
prevención como algo que hay que negociar.
La determinación de cuánto riesgo es
mucho riesgo no es algo que se pueda definir de forma
aséptica. Según Einstein, la duración
de un minuto de espera ante un baño ocupado
depende del lado de la puerta del baño en
el que se esté.
Además, l@s trabajadoras/es son quienes mejor
conocen las circunstancias en que se desenvuelve
su trabajo y cómo mejorarlas. Sin sus conocimientos
y experiencia es imposible diseñar una prevención
eficaz. Y sin su implicación y participación,
cualquier plan de prevención está condenado
al fracaso.
4.- La
salud no se vende
La salud no es algo que se pueda
cambiar por dinero. Vender la fuerza de trabajo no
presupone vender la salud. Hay que obligar al empresario
a eliminar el riesgo. Para ello, l@s trabajadoras/es
debemos ser l@s primer@s en responsabilizarnos de
la defensa de nuestra salud, exigiendo unas condiciones
de trabajo que no la deterioren.
5.- Identificar
los riesgos. y acabar con ellos
El mejor indicador de la existencia de riesgo es
el malestar que el propio trabajo genera entre l@s
trabajadoras/es. Pero muchas veces ni siquiera las
propias personas afectadas son conscientes de la
causa de ese malestar. Por ello hay que destapar
los problemas que en principio parecen individuales,
sacarlos a la luz y convertirlos en algo colectivo,
porque su solución requiere una acción
colectiva.
Por tanto, no hay que esperar a tener hecha la evaluación
de riesgos de toda la empresa para resolver los problemas
que ya están identificados. Hay que exigir
que se solucionen ya.
Los reconocimientos médicos deben ayudar
a identificar los riesgos y a adoptar las medidas
preventivas pertinentes, pero para ello deben dejar
de ser una prueba de tipo general en la que no se
abordan los aspectos de salud relacionados con cada
puesto de trabajo.
6.- Concienciación
y movilización, garantías de solución
No se puede confiar toda la acción sindical
en materia de salud laboral a las denuncias que formulemos
a Inspección de Trabajo. Este es un organismo
bastante saturado y en muchos casos nos encontraremos
con inspectores que no tienen ningún interés
en resolver nada. La mayor garantía para la
solución de los problemas es, en primer lugar
la información y concienciación de
l@s trabajadoras/es y, si es posible, su movilización.
El uso de los medios de comunicación debe
también jugar un papel importante. Muchos
empresarios y gestores políticos preferirían
antes pagar la multa de Inspección que verse
denunciados en la prensa, radio, etc.
La nueva ley establece una serie de obligaciones
empresariales cuyo cumplimiento hay que exigir, pero
la garantía de que lo podamos conseguir está en
la presión que l@s trabajadoras/es hagamos
para que la Ley no sea papel mojado.
7.- Ningún
centro sin Delegad@ de Prevención
La situación anterior a la aprobación
de la Ley era que la mayoría de las empresas
no tenían constituidos los Comités
de Seguridad e Higiene y que la mayoría de
los que estaban constituidos no funcionaban. La aprobación
de la Ley debe dar un giro de 180º a esta situación,
si no queremos que ocurra con esta Ley lo mismo que
con la de control de los contratos. Para que esta
vez no quede todo en papel mojado, hay que poner
manos a la obra ahora.
Debemos poner toda la carne en el asador para conseguir
cuatro objetivos fundamentales:
-
Que no quede un sólo centro de trabajo
sin elegir l@s Delegad@s de Prevención
que por la Ley o su Convenio le corresponden
y sin constituir el Comité de Seguridad
y Salud. L@s Delegad@s de Prevención deben
registrase en las Delegaciones de Trabajo, al
igual que se hace con los resultados de las elecciones
sindicales. En el caso de que en la Delegación
os digna que no hay impresos para comunicar la
elección de D.P.s, pídelos en el
sindicato.
-
Que en los sectores más numerosos y dispersos,
como la enseñanza pública no universitaria,
el propio centro docente sea el ámbito
de determinación de l@s Delegad@s de Prevención
que correspondan según el número
de trabajadoras/es. Est@s Delegad@s de Prevención
formarían parte del Comité de Seguridad
y Salud de cada Circunscripción.
-
Que puedan ser Delegad@s de Prevención
trabajadoras/es que no sean ya delegad@s de personal
o miembros del Comité de Empresa o de
la Junta de Personal. Hay que tender a que la
actividad sindical en materia de salud laboral
sea desarrollada allá donde sea posible
por personas específicamente dedicadas
a ello. Esta posibilidad deberá ser recogida
en el Convenio Colectivo o Acuerdo, así como
la dotación de horas sindicales específicas.
-
Que el/la Delegad@ de Prevención juegue
un papel activo. Debe identificar los riesgos
inspeccionando los centros y los puestos de trabajo
y recogiendo sistemáticamente las opiniones
de l@s trabajadoras/es. Debe evaluar la importancia
del problema detectado y analizarlo teniendo
en cuenta los aspectos técnicos y legales.
Debe informar a l@s trabajadoras/es, asesorarles
y discutir con las personas afectadas las propuestas
de mejora. Debe participar en las visitas de
la Inspección de Trabajo y de l@s técnicos
que efectúen la evaluación de riesgos
y contrastar con ell@s sus opiniones. Debe proponer
soluciones a los problemas detectados y negociar
con la empresa las medidas a tomar.
Para todo ello, l@s Delegad@s de Prevención
precisan de unos medios y una formación que
debe correr a cargo de la empresa. En algunos convenios
ya se está especificando un mínimo
de 80 horas anuales de formación para l@s
D.P., con el fin de no dejar todo a la buena voluntad
de la empresa. No obstante, en todas las sedes del
STEE-EILAS encontrarán material suficiente
para formarse adecuadamente, y contarán con
el apoyo de un grupo de trabajo formado por Delegad@s
de Prevención de los distintos sectores de
la enseñanza en Euskal Herria. Además,
el STEE-EILAS se ha integrado en la Red Europea de
Activistas en Salud laboral, mediante la cual pondremos
en común nuestras experiencias con trabajadoras/es
y activistas de toda Europa.
8.- Crear
una cultura de prevención
El sistema educativo debe jugar un papel fundamental
en la instauración de una cultura de prevención
de los riesgos laborales en nuestra sociedad. Ello
exige, por una parte, la creación de titulaciones
específicas en este área, pero, sobre
todo, que el impulso a esa cultura preventiva esté presente
en todos los niveles educativos.
En algunos libros de texto que se utilizan hoy en
día en nuestros centros de primaria y secundaria
no se cuida este aspecto y l@s niñ@s asimilan
como normal el trabajo en una cadena de montaje sin
protección para l@s trabajadoras/es o el uso
de grúas sin medidas de seguridad, por citar
solo dos ejemplos.
En las carreras universitarias o estudios de FP
en los que existen asignaturas de seguridad e higiene,
son unas auténticas "Marías", que no
reciben dentro de los planes de estudios la importancia
que debieran.
Hay que darle la vuelta a esta situación.
En una situación social en la que la precariedad
del empleo es el mayor obstáculo para la consecución
de unos mejores niveles de seguridad y salud, cobra
todavía mayor importancia que exista una cultura
de prevención y que todas las personas que
acceden al mercado laboral estén ya mentalizadas
y sean conscientes de que la salud no se vende. |