El personal
laboral de educación especial se ve
afectado de forma habitual por lumbalgias, dolores
osteomusculares, problemas de cervicales, contracturas,
caídas, hernias y esguinces, todo lo cual
tiene su origen en la función que desarrollan,
consistente en la atención y cuidado del alumnado
con necesidades educativas especiales, alumnado que
mayoritariamente tiene problemas en sus desplazamientos
(frecuentemente utilizan sillas de ruedas, muletas,
andadores.) control de esfínteres y otros
trastornos asociados.
En bastantes centros hay barreras arquitectónicas
serias; en la ubicación de las aulas del alumnado
en cuestión no se tiene en cuenta su dificultad
motriz (por ejemplo, ubicando al alumno en pisos
superiores); los planes de evacuación no contemplan
que el alumnado con este tipo de handicaps no debería
utilizar las plantas superiores de los centros; las
instalaciones donde realizan las tareas de aseo y
limpieza de este alumnado no están siempre
adaptadas a sus necesidades. Ante esta situación,
es el personal laboral de educación especial
el que debe hacerse cargo del "normal desenvolvimiento" del
alumnado, con el consiguiente deterioro físico
que ello conlleva.
También sufren trastornos alimenticios, al
ser usuari@s obligad@s de los comedores en los que
realizan sus funciones. En los menús de los
comedores escolares los menús son los adecuados
para los niños y niñas que a ellos
acuden, sin tener en cuenta que el personal laboral
de educación especial son personas adultas
con unas necesidades alimenticias diferentes.
Otras patologías comunes también en
este sector son las relacionadas con la depresión,
ansiedad, estrés, etc. |